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Sufriríamos menos si las relaciones se basasen en la libertad de elegir, pero las construimos en base a la necesidad. Necesidad de tener a alguien, necesidad de “pertenecer a alguien”. En realidad los humanos somos seres esencialmente libres. Nos encadenamos a otros por tener una sensación de seguridad y estabilidad, pero la vida siempre nos zarandea y nos pone a nueva gente en el camino. Unos se van, otros se quedan un tiempo; nos enamoramos y nos desenamoramos, nos acostumbramos y nos desesperamos… la vida es movimiento, pese a los anclajes a los que nos aferramos para parar el miedo al futuro.

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