¿Dónde están los valientes?







Mi rudeza, mi descaro y mi distancia emocional hacen pensar que soy fuerte. Pero solo son armas de protección masiva. Soy tan débil que necesito la armadura en mi defensa o si no, quizá, lleguen a destruirme. 

No sé por qué piensan que las personas que se exponen emocionalmente son débiles, si no le temen a nadie.













Mil maneras de morir

Perdí a una persona que ni siquiera existía y perdí una vida que nunca tuve. 
Y a veces pienso que si no le lloro, nunca voy a olvidarle, 
nunca voy a borrar las cicatrices de sus labios en mi cuerpo. 
A veces, la mayoría de las veces, quiero que nunca pase. 
Que se quede ahí para siempre. 
Que se convierta en un dolor en el codo, 
en algo que me recuerde la vida mil veces que no estaba hecho para mí, 
pero que como la herida siempre estará en alguna parte 
formando parte de mí.

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No lo olvides

De tropezarnos aprendemos a esquivar la piedra. De caer al vacío aprendemos a saltar. De quemarnos aprendemos a alejarnos del fuego. De hundirnos aprendemos a nadar.
No olvides que es porque recordamos la herida. 

De la escritura a Galileo y de Galileo a Newton.
Porque los libros no olvidan

Del capitalismo a la crisis. De la crisis al capitalismo.
Porque todo es un ciclo.

Aprendemos historia para nunca olvidar y no repetir. 
Aprendemos historia para entender. Para ser más inteligentes. 

Olvidamos porque creemos que los recuerdos duelen. Lo que duelen son los hechos. Lo que duele es lo que nos decimos a nosotros mismos sobre nuestra experiencia. Soportarlos nos hace fuertes. Olvidar es una trampa. La verdad es que los recuerdos nos hacen un poco más invencibles cada vez.

Si eres capaz de abrazar a tus peores recuerdos, nada podrá destruirte dos veces de la misma forma.


#352

Cada vez que me pasa algo pienso que te lo estás perdiendo. Y cada vez que se me pasa pienso que te estoy perdiendo.

#351

Si eres un ser humano no permitas que otros te utilicen de vertedero.

¿Ser valiente o ser fuerte?

Entre todos los superpoderes que posee el ser humano están la valentía y la fuerza. Ser valiente es enfrentarte a tus miedos. Ser fuerte es asumir cualquier carga solo, responsabilizarte de tus sentimientos y de tus errores sin culpar a los demás y sin pedir a quien puede que alivie tu sufrimiento. A veces tenemos que elegir. A veces nos da miedo enfrentarnos a alguien que queremos porque sin darse cuenta, nos hace algún mal, porque quizá el único mal es el miedo que nos da hablar con esa persona. Ahí puedes coger tus superpoderes, respirar hondo, dejar caer tus lágrimas y decir todo lo que tengas que decir, todo lo que te asusta, y todo lo que podría liberar tu carga. Puedes hacerlo bien, no necesitas pasar la mierda a nadie, puedes buscar soluciones para ambos. Pero hay otra cosa que puedes hacer: puedes resignarte a sonreír cuando pasa, a darle los buenos días con un beso, a decirle cosas bonitas, a cocinar su comida preferida, arroparle si se queda dormido en el sofá. Puedes restringir tu vida a hacer feliz a esta persona y a intentar ser feliz por tu cuenta. Puedes no mencionar tus preocupaciones, guardar tus lágrimas y fingir que no tienes miedo porque la lucha emocional que sostienes cada día contigo mismo, no es su lucha. Ser fuerte es uno de los superpoderes más difíciles de manejar, pero si lo haces bien, ahorrarás cualquier tipo de sufrimiento a las personas que amas y esa parte de tu corazón quedará ensamblada por sí misma aunque el resto de piezas de tu vida permanezcan echas añicos en un puzle que solo te permites resolver tú mismo sin ayuda. Es seguir volando sin que las personas importantes sepan que tienes las alas rotas.