La ventana de Johari

Existe una teoría de psicología cognitiva que explica que cada uno tenemos cuatro "yo". El "yo libre" es aquella parte de nosotros que tanto nosotros mismos como los demás conocen. El "yo oculto", es esa parte de nosotros que a nadie más le permitimos conocer. El "yo desconocido" es aquel que ni siquiera nosotros mismos conocemos. Pero existe un yo, una parte de nosotros llamada "yo ciego", que es capaz de ver todo el mundo a nuestro alrededor, todos menos nosotros mismos.

Somos esas cuatro personas, esas cuatro vidas. A veces nadie nos reconoce, nadie sabe cómo somos realmente, nadie nos entiende aunque nos pongamos una sonrisa y decidamos fingir que todo va bien. A veces ni nosotros mismos sabemos quiénes somos: sabemos qué queremos ser y qué no. Pero no sabemos quiénes somos ni por qué damos vueltas en círculo perdidos sin rumbo. Y hay otras ocasiones en las que pretendemos dar una imagen de arrogancia, antipatía y pasotismo, ponernos casco y escudo y esperar que todos se alejen de nosotros. 
No es más que una manera de protegernos de los demás, de aislarnos; pero en momentos únicos nos metemos tanto en el papel que llegamos a creer que somos esa persona que hemos construido: que hemos destruido al ser humano y somos el Frankenstein que hemos creado. Y a pesar de la soledad se siente bien, porque nuestro papel implica que nos guste la soledad y que desconfiemos de cualquier otro ser vivo a nuestro alrededor. Nos convencemos de que la oveja se convierte en lobo. ¡Un lobo desconfiando de otras ovejas! ¡Ja! 
Entonces llega alguien que te mira a los ojos, ve a la persona que realmente eres, a la persona de la que trataste de deshacerte, a la persona que no quieres ser y te descubre la mentira, te quita la máscara y tu escudo se va a la mierda. ¿Y cómo lo hace? Llevando ventaja, quitando los ladrillos desde dentro, desde donde fueron colocados y desde donde solamente pueden quitarse. Aprovecha la rendija que tú desconocías: la parte de ti mismo que te niegas a aceptar, que crees que dejaste atrás al aprender de tus errores. Ese es el momento en que te salva de ti mismo, en el que vuelves a tener la oportunidad de ser feliz, en el que vuelve la esperanza y entras al juego del que te rendiste una vez.

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