M.B

“Tuvo entonces un gesto que puso punto final, ahora sí, a mi infancia: me besó. En la mejilla, junto a la comisura de los labios, y se demoró un poquito en aquel contacto. Tengo la impresión de que ése fue mi primer borrador de la felicidad. “Me gustas, Claudio”, dijo. “Norberto habla muy bien de vos. Sos su mejor amigo.” “¿Vos también vas a ser mi amiga?” “Claro, ya lo soy. Lástima que me voy mañana.” O sea, el infierno tras el paraíso.”

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