Nada de lo que avergonzarte

Dicen que las cicatrices te cambian. El dolor pasa factura y te conviertes en el malo de la película, el del caballo que no corre, la mala puntería y los eternos discursos que salvan al héroe. Yo creo que eso es para la gente débil. Ser una buena persona no está hecho para la clase de gente que recurre a la astrología, visita la iglesia los domingos creyendo que eso le redime de sus pecados y buscan excusas para todo. Ser bueno no está hecho para las personas que siempre tienen un culpable. 

Así es fácil convertirse en el malo. Responsabilizan a otros de lo que son. A quien le rechazó, a quien jugó con él, a quien se burló de él... Como si no hubiera tenido elección. Pero no todas las personas mutan en su bondad, algunas son más resistentes, más... ellas. Demuestran que sí se puede elegir. Algunas no dejan de ser quiénes son por terceras personas, entendiendo que no pueden culpar al pasado por su futuro, tan solo por el daño. Tal vez sea una cuestión de madurez o de personalidad, o quizá baste con superar el dolor y darte cuenta de la trampa: que solo ser el bueno te redime de tus pecados, te da la verdad como excusa y son otros los únicos culpables. Nada de remordimientos, nada de cargas, nada de necesitar justificación...

Ser bueno te da unos escalones de ventaja. Muestras las heridas y es fácil saber quién es el atacante y quién el superviviente, el ganador si no ha conseguido hacerte perder nada... ni siquiera a ti mismo. Y eso te da el poder de la idolatría, de la heroicidad y de la revancha.


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