Aspira a ser un aventurero

En la vida podemos clasificar a las personas en dos tipos: las personas aventureras y todas las demás. Las personas aventureras no tienen miedo de salir de su zona de confort, o mejor dicho, lo tienen pero no les importa. Los aventureros son esas personas a las que no debes decirles que no pueden hacer algo, porque de todos modos lo harán. Son aquellos que escapan y vuelan y nadan y recorren mil países para encontrar esa foto, esa obra de arte, ese recuerdo, a esa persona... Son personas que no tienen miedo de hacer lo que les hace felices, no tienen miedo de salir del charco, del aro en que se ha encerrado la sociedad. Son personas que no solo sueñan con ser libres: además lo hacen, sin importar el precio. Son todos los que creen en sus sueños y no esperan a mañana para llevarlos a cabo. Los que no necesitan destinos antes de salir de viaje, ni un botiquín, ni mil euros al mes, ni cinco años de preparación. Muchas veces se les ha llamado locos, temerarios, inconscientes... Son la clase de personas que recorren un continente en bicicleta con quince céntimos en el bolsillo, un par de chicles y un clip. Sin excusas, no importa el frío, la nieve o la lluvia, los obstáculos no son más que oportunidades para hacer algo diferente. Los aventureros no tienen miedo a equivocarse. No necesitan saber qué les espera en el futuro. Saben que lo peor que puede ocurrir es que mañana tengan que vérselas de nuevo para sacarse las castañas del fuego, pero no importa, porque la vida no va de vivir un día más para poder ganar otros cincuenta euros que pasado mañana podrás invertir en tu jubilación, porque nada está garantizado, ni siquiera el hecho de que haya un mañana para nosotros. Los aventureros saben que lo peor de la vida no es morir, enfermar, pedir en la calle o despertar en una ciudad desconocida sin poder comunicarte con nadie. Los aventureros saben que lo peor de la vida es no tomar todas las oportunidades, no invertir todos los días en una nueva aventura y arrepentirte al final de no haberlos vivido lo suficiente.

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