El fantasma

Me persigue un fantasma. No tiene rostro ni nombre. No es como los de las películas. No mueve objetos ni hay sangre. No lo conozco. Simplemente sé que está ahí. No se queda en casa a esperarme. Me persigue a donde quiera que vaya. Solo sé que está ahí. Me mira y enfría el aire, y se queda horas y horas mirándome. 

Yo ya estoy acostumbrada. 

Es como vivir a través de una ventana, en una casa oscura, vieja, sucia y destruida rodeada del jardín más hermoso, colorido y vivo que nadie haya podido ver nunca. Es mi jardín. Es mi vida. Pero solo puedo verlo a través de la ventana. No puedo salir. No puedo tocarlo. Hay un fantasma que me mantiene aquí encerrada como en un limbo polvoriento. 

Y creo que él no está en este mundo. Soy yo la que estoy dentro del suyo.

A veces no sé si estoy viva o muerta.

Trato de echar la vida a través de los años. Me pregunto cómo ocurrió. Cuándo. En qué momento me perdí y fui a parar a esta desolación para hacer compañía a este extraño compañero. Qué camino tomé y cómo se regresa. No lo sé. Solo puedo mirar las vidas de los demás a través de la ventana cuando pasan junto a mi jardín, como estrellas fugaces que me deslumbran por un segundo y luego desaparecen abandonándome de nuevo en mi oscuridad.

A veces creo que alguno de ellos va a salvarme.

Como si no doliera, como si no se dieran cuenta, como si no me vieran a través de la ventana. Mi césped tan solo roza sus zapatos y pasan de largo, pero yo siento que su alma se aferra a mí un instante, logrando que el fantasma se olvide de mí, se aleje desviando la mirada, para volver con más fuerza cuando me sueltan y quedo de nuevo cegada.

A veces siento que yo soy el fantasma. Por eso nadie me ve tras los cristales rotos de mi propia destrucción.

A veces me pregunto, cuando el fantasma me mira, cómo me siento. No lo sé. Es como si él absorbiera mi alma cuando se acerca. No tengo miedo, no es terrorífico, no estoy triste. Tampoco me da pena. O tal vez sí. Es el vacío que me rodea, entre mí y el fantasma, el vacío que empuja hacia dentro y que pesa mientras solo deja huecos, ausencias, frío. Y a veces pienso, mientras se acerca, que en realidad el fantasma es ese vacío, el agujero o quizá una ausencia.

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