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Vivimos en una sociedad donde todos nos creemos diferentes, y somos todos iguales. Creemos que hacemos lo que hacemos porque queremos cuando la realidad es que lo hacemos porque es lo que hay que hacer. Vivimos con la seguridad de que conseguir un buen trabajo, tener una casa, una pareja, casarnos y tener hijos es lo que nos hará felices. La verdad es que cuando naciste nadie te dijo que tuviera que ser así, pero es lo que hay. Lo socialmente establecido. 

La verdad es que no puedes ser lo que quieras ser, sino lo que te han enseñado que serás. Nos han convencido de que no seremos felices sin el último modelo de todo. Que para no ser un fracasado hay que perder la virginidad en la juventud y tener unos cuantos amigos con los que hacer el tonto. Que nos gusta la ropa que llevamos. Que las fiestas son divertidas y el estudio es aburrido. Que hay que vivir en una casa y moverse en un coche. Que hay que mantener a la familia cerca. Que necesitas el dinero para abastecerte. Que para ser atractiva hay que tener un peso ideal. 

Pero, ¿y si no quieres que la vida sea lo que todos los demás dicen que tiene que ser? No sabes hasta qué punto tus metas no son más que un reflejo de lo que unos pocos con el poder han impuesto.


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