La vida no tiene normas

Cuando tenía doce años pasaba tardes enteras desnudando margaritas para hacer del mundo un lugar más simple, algo que podría predecir, que podría controlar, como las vidas de los personajes de Grease perfectamente acompasadas en sus coreografías entre frase y frase de guion. Sujetos de esos hilos que llamamos destino o aferrados a ciertas creencias, tratamos de sortear el caos de nuestra vida para apoyarnos en los momentos que tienen algún sentido, siempre burlando el papel del azar sobre nuestros acontecimientos y ensalzando a algún Dios para entender los motivos de esta maraña de tiempos y personas que se nos escapan de las manos.

Yo llamo madurar a entender, quizá algún día, que no hay motivos. Podrías comportarte de cualquier otra forma y tendría el mismo efecto. Quiero decirte que a la chica que lleva la falda corta le importa una mierda tu pene o quizá ha salido a buscar uno que le interese, o tal vez la mujer con una fantasía voraz de sexo es esa mojigata de gafas y pantalones anchos. Quiero decirte que aquel amigo que te ignoró todo el verano quizá todavía vea en ti a un amigo, aunque no sea recíproco, ¿y el que se acostó con tu ex tres días después de dejarlo? Ese tal vez te quiere aún como un hermano, pero a veces las cosas se nos van de las manos. Y no hay justificación válida ni motivos necesarios. 

Quiero que entiendas que cuando el jefe le dice a su esposa que la ama, no está mintiendo aunque sus ojos vuelen al culo de esa jovencita con quien pasa las noches en la oficina. Quiero que entiendas que no todos los religiosos son estúpidos, ni todos los musulmanes son homófobos ni machistas. Quiero que entiendas que ver Telecinco no determina el coeficiente intelectual de nadie. Y que puedo emborracharme cada fin de semana y leer cinco libros de domingo a viernes. No eres mejor ni peor que nadie, porque no hay normas. Porque pensar que ese chico de dos metros lleno de tatuajes es peligroso, es una construcción que no representa el mundo en que vivimos. Quiero que te olvides de ese manual con normas para la vida que llevas debajo del brazo, ese que predica cosas como que quienes van al psicólogo están locos, que los soldados son todos violentos o que votar al PP es de personas de cabeza cuadrada. Quiero que ahora lo tires a la basura porque ese código no representa el mundo en el que vives, no está sirviendo, no es útil, porque por mucho que creas que el jefe no siente nada por su esposa, tú no sabes cómo se siente. Porque por mucho que creas que esa chica que escucha reggaetón no tiene dos dedos de frente, tú no sabes si se dedica a salvar vidas o estudia ingeniería aeronáutica. Tengo amigos ex convictos que hoy en día son mejores personas que algunas que nunca pisaron una cárcel. Quiero que tires todas esas lecciones inútiles a la basura. La gente cambia y ni su aspecto ni sus aficiones pueden definir su inteligencia o si son buenas o malas personas. ¡Y tú no sabes nada de ellas! Deja de encarcelarte con prejuicios y serás libre.

Aprende que no todo tiene una causa, ni toda ley es justa, ni todo el bien regresa. No le debes nada a nadie. Entender que la vida no tiene normas es entender que los demás no tienen tampoco derecho a juzgarte, que no necesitas justificar tus gustos, tu opinión ni tu existencia. Que no tienes que avergonzarte, que no necesitas dar coherencia a cada decisión que tomas. Que puedes elegir lo que te apetezca sin importar lo lejanas que estén de tu pasado y presente y ya está. Que nadie tiene derecho a imponer cómo te sientes o qué deseas solo porque consideren que el mundo y las personas se guían por normas estrictas y no están todas naufragando a la deriva del azar. Que eres alguien independiente de tus errores y mereces todo aquello que puedas conseguir. Entiende que la vida no tiene normas, y entenderás que tú no tienes más límites que los que te has impuesto por culpa de ese código que has decidido seguir. Tienes derecho a reír en los malos momentos y a aspirar a un ángel de Victoria’s Secret incluso aunque tú tengas sobrepeso. Y sí, también puedes llevar esos pantalones cortos. Tienes derecho a pasar una tarde bebiendo cerveza y viendo el fútbol aunque la economía esté decayendo. No existen leyes físicas ni humanas que impidan esto. Tú no conoces a las personas, deja de tratar de encasillarlas inútilmente bajo esta normativa que has creado, deja de encasillarte a ti. Deja de pensar que no eres lo bastante bueno porque cometiste algún error, o que no mereces a una persona porque en el pasado la trataste mal. Déjalo porque puedes cambiarlo. Cambia tus normas.


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