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Quizás

José Ángel Buesa

Quizás te diga un día que dejé de quererte
aunque siga queriéndote más allá de la muerte
y acaso no comprendas que en esta despedida
aunque el amor nos une nos separa la vida.



La vida no tiene normas

Cuando tenía doce años pasaba tardes enteras desnudando margaritas para hacer del mundo un lugar más simple, algo que podría predecir, que podría controlar, como las vidas de los personajes de Grease perfectamente acompasadas en sus coreografías entre frase y frase de guion. Sujetos de esos hilos que llamamos destino o aferrados a ciertas creencias, tratamos de sortear el caos de nuestra vida para apoyarnos en los momentos que tienen algún sentido, siempre burlando el papel del azar sobre nuestros acontecimientos y ensalzando a algún Dios para entender los motivos de esta maraña de tiempos y personas que se nos escapan de las manos.

Yo llamo madurar a entender, quizá algún día, que no hay motivos. Podrías comportarte de cualquier otra forma y tendría el mismo efecto. Quiero decirte que a la chica que lleva la falda corta le importa una mierda tu pene o quizá ha salido a buscar uno que le interese, o tal vez la mujer con una fantasía voraz de sexo es esa mojigata de gafas y pantalones anchos. Quiero decirte que aquel amigo que te ignoró todo el verano quizá todavía vea en ti a un amigo, aunque no sea recíproco, ¿y el que se acostó con tu ex tres días después de dejarlo? Ese tal vez te quiere aún como un hermano, pero a veces las cosas se nos van de las manos. Y no hay justificación válida ni motivos necesarios. 

Quiero que entiendas que cuando el jefe le dice a su esposa que la ama, no está mintiendo aunque sus ojos vuelen al culo de esa jovencita con quien pasa las noches en la oficina. Quiero que entiendas que no todos los religiosos son estúpidos, ni todos los musulmanes son homófobos ni machistas. Quiero que entiendas que ver Telecinco no determina el coeficiente intelectual de nadie. Y que puedo emborracharme cada fin de semana y leer cinco libros de domingo a viernes. No eres mejor ni peor que nadie, porque no hay normas. Porque pensar que ese chico de dos metros lleno de tatuajes es peligroso, es una construcción que no representa el mundo en que vivimos. Quiero que te olvides de ese manual con normas para la vida que llevas debajo del brazo, ese que predica cosas como que quienes van al psicólogo están locos, que los soldados son todos violentos o que votar al PP es de personas de cabeza cuadrada. Quiero que ahora lo tires a la basura porque ese código no representa el mundo en el que vives, no está sirviendo, no es útil, porque por mucho que creas que el jefe no siente nada por su esposa, tú no sabes cómo se siente. Porque por mucho que creas que esa chica que escucha reggaetón no tiene dos dedos de frente, tú no sabes si se dedica a salvar vidas o estudia ingeniería aeronáutica. Tengo amigos ex convictos que hoy en día son mejores personas que algunas que nunca pisaron una cárcel. Quiero que tires todas esas lecciones inútiles a la basura. La gente cambia y ni su aspecto ni sus aficiones pueden definir su inteligencia o si son buenas o malas personas. ¡Y tú no sabes nada de ellas! Deja de encarcelarte con prejuicios y serás libre.

Aprende que no todo tiene una causa, ni toda ley es justa, ni todo el bien regresa. No le debes nada a nadie. Entender que la vida no tiene normas es entender que los demás no tienen tampoco derecho a juzgarte, que no necesitas justificar tus gustos, tu opinión ni tu existencia. Que no tienes que avergonzarte, que no necesitas dar coherencia a cada decisión que tomas. Que puedes elegir lo que te apetezca sin importar lo lejanas que estén de tu pasado y presente y ya está. Que nadie tiene derecho a imponer cómo te sientes o qué deseas solo porque consideren que el mundo y las personas se guían por normas estrictas y no están todas naufragando a la deriva del azar. Que eres alguien independiente de tus errores y mereces todo aquello que puedas conseguir. Entiende que la vida no tiene normas, y entenderás que tú no tienes más límites que los que te has impuesto por culpa de ese código que has decidido seguir. Tienes derecho a reír en los malos momentos y a aspirar a un ángel de Victoria’s Secret incluso aunque tú tengas sobrepeso. Y sí, también puedes llevar esos pantalones cortos. Tienes derecho a pasar una tarde bebiendo cerveza y viendo el fútbol aunque la economía esté decayendo. No existen leyes físicas ni humanas que impidan esto. Tú no conoces a las personas, deja de tratar de encasillarlas inútilmente bajo esta normativa que has creado, deja de encasillarte a ti. Deja de pensar que no eres lo bastante bueno porque cometiste algún error, o que no mereces a una persona porque en el pasado la trataste mal. Déjalo porque puedes cambiarlo. Cambia tus normas.


Esta es la forma de crecer

Puede que la vida nunca esté a la altura de tus expectativas, pero es mejor, es algo real. Y la realidad supera la ficción. Aprende a apreciar lo que tienes cada segundo de tu vida en lugar de añorar todo lo que no tienes. Aprende a apreciarte. No se trata de lo bueno que eres, sino de lo bueno que quieres ser. Reúne el coraje para alejarte de todo lo que te hace miserable. La vida no viene con control remoto, así que si quieres ser feliz levántate y cámbiala. Puedes moldearla a tu antojo, pero nadie puede tenerlo todo en esta vida. Tienes que perdonarte por no controlarlo todo. A veces la tristeza te abruma, a veces no estás a la altura de los problemas a los que te enfrentas y necesitas darte tiempo. No siempre podrás hacer todo lo que quieras con tu vida. Necesitas avergonzarte menos ante la idea de que no eres suficiente. Necesitas perdonarte y seguir adelante con tu mejor intención como bandera. En el mundo solo dos tipos de personas consiguen el éxito: o naces afortunado, o te conviertes en luchador. Nadie elige cómo, cuándo ni dónde nacer. Nadie puede cambiar todas sus vivencias. Nadie ha vivido lo que tú. Nadie es como tú. No puedes simplemente seguir el camino de otro y esperar el mismo resultado. Por eso no puedes juzgar a los demás. Vivimos en el mundo que nos ha tocado y no quiere decir que nos represente. Dejemos de hablar de la humanidad como un mal estereotipo. Hay personas buenas que hacen cosas malas. No somos los errores que cometemos. El mundo no es cruel, es un lugar hermoso, solo ha experimentado hechos que lo son. No tratamos con hombres ni con mujeres. No tratamos con blancos ni negros. No tratamos con chinos ni africanos. No tratamos con gordos ni con feos ni con guapos. No tratamos con homosexuales, bisexuales, pansexuales, asexuales ni heterosexuales. No tratamos con ricos ni con pobres. No tratamos con etiquetas, tratamos con personas, personas rodeadas de piedras que les hacen caer. A veces nos las lanzamos unos a otros. Cada persona es un mundo. Hazte amigo de personas que no son de tu edad. Sal con personas cuyo primer idioma no es el mismo que el tuyo. Conoce alguien que no venga de tu clase social. Confía en alguien que ha tropezado donde tú no has pisado. Esta es la forma de ver el mundo. Esta es la forma de crecer.


Allí

Hay un lugar separado de lo que conocemos por un muro inquebrantable para lo físico y allí es donde van a parar todas las piezas rotas, todos los ojalá, los casi, los quizá. Allí las leyes físicas son irrelevantes. Allí van a veces los locos y habitan los que ya se fueron. Allí descansan las musas que bañan en inspiración a los artistas y espera como una caja de melodía todo nuestro futuro a que le demos cuerda. Allí el pasado siempre vuelve como en una máquina del tiempo y el dolor se disipa. Allí como en bolsas, reposan nuestros sueños y deseos y si vas, puedes coger todos los que quieras sin quemarte, sin trampas, sin que hiele la sangre. Allí hay un enorme tesoro que acumula el precio que pagamos por cada error que cometemos. De allí salen los cuentos, los mitos, las leyendas y eso de que el bueno siempre gana a los seres más perversos. 

Allí puedes volver a ser quien eras. Allí las dudas se despejan como nubes en un cielo totalmente azul. Allí todo buen pasado es presente. Allí puedes revivir hasta el mejor día de tu vida. Allí puedes recomponerte en un segundo como si jamás te hubieran roto el corazón. Por eso allí es fácil sentirse bien. Allí lo encontrarás todo, a cambio te perderás a ti mismo. El precio del viaje allí es no regresar jamás.

Life never goes on the way we wish

Los suicidas no son personas cobardes. Se rinden mientras el resto sigue luchando porque son los primeros en darse cuenta de que es imposible ganar esta guerra. Simplemente precipitan el final al que todos estamos destinados para ahorrar sufrimiento. Porque mientras están en la batalla, ellos pierden más de lo que ganan, y más de lo que mucha gente perderá nunca.


Mahatma Gandhi


Si no empiezas a resolver hoy tus problemas, mañana tendrás más.

A veces sentimos que todo en nuestra vida está mal. De repente empezamos a caer por un precipicio y ¿qué podemos hacer para evitarlo? Detenernos, encerrarnos, apartarnos, o solamente beber para olvidar la caída. A veces es como si el mundo se parara y te preguntas ¿qué hago ahora? Pero solo te has parado tú. No puedes meterte en la cama hasta que pase la tormenta, no puedes bajarte un momento a tirar toda la mierda. Con el tiempo te das cuenta de que nada se detiene, así que tú también tienes que seguir. Si te paras, la tormenta solo puede arrastrarte con ella. Tienes que seguir, seguir pensando que la vida es bella. Seguir confiando en el mañana aunque pasen días, meses o años. Hay que seguir luchando porque la vida es una constante batalla y por mucho que te hayan herido, si te rindes, pierdes; el agujero que te ha traído hasta esta encrucijada se hace más grande cuando te detienes, y entonces por él solo pueden caer más cosas. Salva todo lo que puedas, y sálvate a ti de la caída, a veces con una sonrisa es suficiente para empezar a cerrar la brecha. No dejes de luchar.


Irremediablemente...

En determinado momento llega alguien que rompe todos tus esquemas. Entonces haces por esa persona todo lo que te prometiste que jamás harías, todas esas cosas a las que llamabas tonterías, y aguantas todo aquello que nunca estuviste dispuesta a aguantar. Lo esperas aunque sean las doce de la noche bajo la lluvia y llegue veinte minutos tarde, ríes sus bromas y no te importa ser tú quien pague la cena. Cuando discutís, lloras en vez de mandarlo al carajo, como siempre recomendabas a todas esas amigas tuyas que estaban en una relación, y comienzas a entender esas conductas estúpidas que antes no entendías. Ni siquiera eres consciente de que lo haces e incluso cuando lo sabes, no puedes evitar seguir comportándote igual mientras tu cerebro te pregunta qué te pasa. Sabes que tienes una venda, y vivías tan prevenida que ahora puedes ver a través de ella la realidad, pero es inútil, algo interior te impide luchar contra lo que sientes, porque sabes que en tu interior todo es esperanza e ilusión.
En ese momento estás irremediablemente enamorada. 

Odio el mundo

Odio el mundo, es un lugar horrible. Los autobuses nunca pasan a su hora, la gente no dice por favor ni gracias, hay prejuicios y a nadie le importan los demás. Solo reímos, nos quejamos o lamentamos cuando nos ocurre a nosotros, cuando les ocurre a otros envidiamos, ignoramos y culpamos. Todo tiene precio, desde los baños públicos hasta el arte y las historias. Y por alguna razón que desconozco hay gente que disfruta haciendo daño, tanto niños como adultos. Nos encanta criticar las vidas ajenas, aunque no nos afecten para nada, y además siempre tiene que haber alguna moda que se imponga sobre las demás y alguna pauta totalmente inútil que de no seguirla, te convierte automáticamente en la lacra de la sociedad. Odio a la gente que se mueve como si fueran divos creyéndose superiores. Odio las leyes tan injustas. Odio la hipocresía. Odio la falta de respeto de quienes hablan a voces a ponen música a todo volumen estés en el metro o en la casa de al lado a las tres de la mañana. Odio lo oportuno que es todo: que cierren las librerías justo en exámenes, que llueva el día que justo vas a la piscina, que se te pinche una rueda justo antes de salir de viaje. Odio la poca profesionalidad de muchos que se hacen llamar "profesionales": médicos que no saben diagnosticar, profesores que no saben enseñar, políticos que no saben llevar un país... Y aún haciendo mal su trabajo les pagan. Odio la hipocresía.

Hay cosas que no van a cambiar, pero la razón por la que más odio el mundo es porque podría ser un lugar mucho mejor con unos pequeños cambios en la gente: ser más puntual, tratar de ponerse en el lugar del otro, darse cuenta de que hay cosas más importantes que el dinero... y mucho más bonitas que el sufrimiento ajeno. Vivir nuestra vida y dejar de meterse en la de los demás, defender la libertad de cada uno y ser uno mismo, sin seguir al rebaño. Sin que exista un rebaño. Tener un poco de humildad, moral y sentido de la justicia, sobre todo aquellos encargados de impartirla. Y un poco de sinceridad no nos vendría mal. Mostrar educación, porque nadie aquí se ha criado con rinocerontes... y profesionalidad cuando te has pasado años preparándote para cualquier profesión (demuestra al mundo que has aprendido algo). Odio el mundo porque podríamos ser mejores... pero no queremos. Como si no nos diéramos cuenta de que somos una sociedad... y en tanto los demás nos necesitan, pero todos necesitamos a los demás para sobrevivir.



Sociedad enferma

Hoy en día es más importante estar guapo que estar sano. Es verdad. Hay concursos de belleza, pero no hay concursos de salud. Y los médicos cobran menos que las modelos, porque ellos solo curan, no son iconos de belleza. En este mundo preferimos el aspecto antes que la funcionalidad. Actores frente a fontaneros. Cantantes frente a profesores. Tan solo mira qué se valora más. Quiénes son ídolos. Quiénes modelos a seguir. Yo te diré la respuesta, aquellos con el aspecto adecuado suelen salir ganando en la vida, frente a quienes poseen herramientas más útiles. La fama, la atención, la admiración, se pierde en una bonita cáscara, olvidando que el mundo solo funciona con lo que hay dentro, con quiénes lo ponen en marcha, y no con quiénes fingen hacerlo a través de una pantalla.


Epicuro

¿Es que Dios quiere prevenir la maldad, pero no es capaz? Entonces no sería omnipotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces sería malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De donde surge entonces la maldad? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?


Migraré a otro planeta

Cada vez que leo las noticias me horrorizo. Solo quiero cerrar el periódico y abrir el corazón. Me entran ganas de amar más y pensar menos. No imagino cómo puede ser tanta gente impasible, deshumanizada, que mire indiferente a su alrededor. Supongo que yo soy la rara, supongo que es la falta de costumbre. Yo no suelo ver las noticias porque se me cierra el estómago, se me encoge el corazón y me lleno de miedo al ver lo que están haciendo con el mundo.

Recuerdos

¿Cuándo los recuerdos se convierten en fantasmas? ¿En sombras que asolan nuestras vidas? Yo diría que es cuando mueren. Parece paradójico, porque si un recuerdo muere, solo queda el silencio del olvido, la quietud del vacío, la ironía del tiempo. Solo brisa antes de ti. A veces los recuerdos despiertan del letargo. A veces no quieren desaparecer del todo. A veces vuelven para atormentarte, para darte una lección, incluso para ampararte. Se convierten en espíritus dispuestos a esconderse en algún recoveco de tu memoria por mucho que desees ahuyentarlos, en poltergeist de la mente. Y eso no tiene por qué ser nocivo. Cuando los aceptas, cuando permites que salgan del abrazo que hay entre las tinieblas de la muerte, reviven. Los perdonas, te perdonas. Entonces ya no hostigan.



¿No podríamos ser pájaros...?

Todo animal en general tiene un honor que el hombre no conoce. Los animales actúan por instinto careciendo de las herramientas humanas para construir una sociedad. El hombre vive atrapado en sus propias leyes, normas y convenciones sociales que alguien ha escrito, probablemente para su propio beneficio. Los animales, sin el poder de la palabra y del pensamiento, viven un nivel más allá. Atienden a las leyes naturales y a una intuición que tal vez escape al entendimiento humano. Una intuición que mantiene el ciclo de la vida sin alterar el respeto entre distintas clases, sin permutar la relación entre los seres de una misma especie. Una nobleza que lleva a los entes del mismo orden a ser iguales y luchar juntos y no entre ellos. Algo que ha debido de desaprender el ser humano cuando dejó de ser mono.


El problema de las soluciones

Tenía la solución tan cerca que no pude verla hasta que me alejé. Demasiado. Tanto que ya no volví a alcanzarla.