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Rebelión

Ser una persona amable y buena es una forma de rebelión. Ya existe bastante gente maleducada y egoísta por el mundo. Tal vez creas que no eres especial por responder con una sonrisa, pero lo eres: alguien tímido o con problemas sociales puede pasar junto a ti, y de repente transformas su entorno en algo más bello. Eres la diferencia entre un buen día y un mal día para esa persona. ¡Para tantas cada día! Porque nunca sabes por cuáles circunstancias están pasando los demás a tu alrededor.
Ser amable es una rebelión contra una sociedad que nos dificulta la vida. Es la mejor forma de rebelión, porque es contagiosa de forma universal: basta con pasar un rato con una persona amable y positiva para llevarte un poquito de su magia y ver todo mejor. Es una rebelión contra la desesperanza y la falta de fe en la humanidad. Es una rebelión porque hay más noticias de desgracias que de grandes hazañas benéficas. Hoy por hoy y en un futuro, serás un fenómeno extraño, algo en vías de extinción. La amabilidad es la revolución que el mundo necesita, la antítesis de la autodestrucción humana.

 

Jerarquía mundial


Lo hacen todos los humanos

"Lo hace todo el mundo" no es una excusa. Deja de mirar para otro lado solo porque alguien puso nombre a tus sesgos cognitivos. Tú puedes llamarlo difusión de la responsabilidad, yo lo llamaré falta de hospitalidad. No podré decir falta de hospitalidad, porque la psicología nos ha enseñado que es humano. Prejuzgar es humano, criticar es humano, no tener en cuenta las circunstancias de los demás es humano, no delatar una injusticia es humano, agredir por orden de la autoridad es humano. Y por ello me reafirmo en poner mi esencia en el campo de batalla para luchar contra esa parte humana. Nos hacemos ecos de los defectos y de las imperfecciones, justificamos nuestros errores y resultados bajo la premisa de que somos reales y auténticos, opuestos a la perfección por definición. Pero si esto es ser humano, para mí no lo quiero. No quiero ser perfecta, tan solo verdaderamente humana.


Art

-Imagina una ciudad donde no hubiera ni policías ni críticos de arte ni galerías ni museos... Unas calles donde cada cual pudiera exponer lo que quisiera, pintar lo que quisiera y donde quisiera. Una ciudad de colores, de impactos, de frases, de pensamientos que harían pensar, mensajes reales de vida. Una suerte de fiesta urbana donde todos estuviéramos invitados y nadie quedase exluido jamás... ¿Puedes imaginarlo?
- No.
La sonrisa ancha y franca volvió a iluminarle la cara.
-A eso me refiero. Esta sociedad te deja pocas opciones para escoger las armas. Así que yo cojo los botes de pintura... Como te dije antes, el grafiti es la guerrilla del arte.
-Es un enfoque demasiado radical – protesté-. El arte aún tiene que ver con la belleza. Y con las ideas.
-Ya no... ahora el único arte posible, honrado, es el ajuste de cuentas. Las calles son el lienzo. Decir que sin grafiti estarían limpias es mentira. Las ciudades están envenenadas. Mancha el humo de los coches y mancha la contaminación, todo está lleno de carteles con gente incitándote a comprar cosas o votar por alguien, las puertas de las tiendas están llenas de pegatinas de tarjetas de crédito, hay vallas publicitarias, anuncios de películas, cámaras que violan nuestra intimidad... ¿por qué nadie llama vándalos a los partidos políticos que llenan las paredes con su basura en vísperas de elecciones?


Indiferencia

Oímos los gritos de los que caen de un balcón, de un andamio, de una hipoteca, o un desengaño. Los oímos.
Pero no los escuchamos.
C. S.


#313

Los grandes cambios siempre vienen acompañados de una fuerte sacudida. No es el fin del mundo. Es el inicio de uno nuevo. 

Odio el mundo

Odio el mundo, es un lugar horrible. Los autobuses nunca pasan a su hora, la gente no dice por favor ni gracias, hay prejuicios y a nadie le importan los demás. Solo reímos, nos quejamos o lamentamos cuando nos ocurre a nosotros, cuando les ocurre a otros envidiamos, ignoramos y culpamos. Todo tiene precio, desde los baños públicos hasta el arte y las historias. Y por alguna razón que desconozco hay gente que disfruta haciendo daño, tanto niños como adultos. Nos encanta criticar las vidas ajenas, aunque no nos afecten para nada, y además siempre tiene que haber alguna moda que se imponga sobre las demás y alguna pauta totalmente inútil que de no seguirla, te convierte automáticamente en la lacra de la sociedad. Odio a la gente que se mueve como si fueran divos creyéndose superiores. Odio las leyes tan injustas. Odio la hipocresía. Odio la falta de respeto de quienes hablan a voces a ponen música a todo volumen estés en el metro o en la casa de al lado a las tres de la mañana. Odio lo oportuno que es todo: que cierren las librerías justo en exámenes, que llueva el día que justo vas a la piscina, que se te pinche una rueda justo antes de salir de viaje. Odio la poca profesionalidad de muchos que se hacen llamar "profesionales": médicos que no saben diagnosticar, profesores que no saben enseñar, políticos que no saben llevar un país... Y aún haciendo mal su trabajo les pagan. Odio la hipocresía.

Hay cosas que no van a cambiar, pero la razón por la que más odio el mundo es porque podría ser un lugar mucho mejor con unos pequeños cambios en la gente: ser más puntual, tratar de ponerse en el lugar del otro, darse cuenta de que hay cosas más importantes que el dinero... y mucho más bonitas que el sufrimiento ajeno. Vivir nuestra vida y dejar de meterse en la de los demás, defender la libertad de cada uno y ser uno mismo, sin seguir al rebaño. Sin que exista un rebaño. Tener un poco de humildad, moral y sentido de la justicia, sobre todo aquellos encargados de impartirla. Y un poco de sinceridad no nos vendría mal. Mostrar educación, porque nadie aquí se ha criado con rinocerontes... y profesionalidad cuando te has pasado años preparándote para cualquier profesión (demuestra al mundo que has aprendido algo). Odio el mundo porque podríamos ser mejores... pero no queremos. Como si no nos diéramos cuenta de que somos una sociedad... y en tanto los demás nos necesitan, pero todos necesitamos a los demás para sobrevivir.



Sociedad enferma

Hoy en día es más importante estar guapo que estar sano. Es verdad. Hay concursos de belleza, pero no hay concursos de salud. Y los médicos cobran menos que las modelos, porque ellos solo curan, no son iconos de belleza. En este mundo preferimos el aspecto antes que la funcionalidad. Actores frente a fontaneros. Cantantes frente a profesores. Tan solo mira qué se valora más. Quiénes son ídolos. Quiénes modelos a seguir. Yo te diré la respuesta, aquellos con el aspecto adecuado suelen salir ganando en la vida, frente a quienes poseen herramientas más útiles. La fama, la atención, la admiración, se pierde en una bonita cáscara, olvidando que el mundo solo funciona con lo que hay dentro, con quiénes lo ponen en marcha, y no con quiénes fingen hacerlo a través de una pantalla.


Migraré a otro planeta

Cada vez que leo las noticias me horrorizo. Solo quiero cerrar el periódico y abrir el corazón. Me entran ganas de amar más y pensar menos. No imagino cómo puede ser tanta gente impasible, deshumanizada, que mire indiferente a su alrededor. Supongo que yo soy la rara, supongo que es la falta de costumbre. Yo no suelo ver las noticias porque se me cierra el estómago, se me encoge el corazón y me lleno de miedo al ver lo que están haciendo con el mundo.

Hamlet

Cuantos accidentes ocurren, todos me acusan, excitando a la venganza mi adormecido aliento. ¿Qué es el hombre que funda su mayor felicidad, y emplea todo su tiempo solo en dormir y alimentarse? Es un bruto y no más. No. Aquél que nos formó dotados de tan extenso conocimiento que con él podemos ver lo pasado y futuro, no nos dio ciertamente esta facultad, esta razón divina, para que estuviera en nosotros sin uso y torpe. Sea, pues, brutal negligencia, sea tímido escrúpulo que no se atreve a penetrar los casos venideros (proceder en que hay más parte de cobardía que de prudencia), yo no sé para qué existo, diciendo siempre: tal cosa debo hacer; puesto que hay en mí suficiente razón, voluntad, fuerza y medios para ejecutarla. Por todas partes halló ejemplos grandes que me estimulan. Prueba es bastante ese fuerte y numeroso ejército, conducido por un Príncipe joven y delicado, cuyo espíritu impelido de ambición generosa desprecia la incertidumbre de los sucesos, y expone su existencia frágil y mortal a los golpes de la fortuna a la muerte, a los peligros más terribles, y todo por un objeto de tan leve interés. El ser grande no consiste, por cierto, en obrar sólo cuando ocurre un gran motivo; sino en saber hallar una razón plausible de contienda, aunque sea pequeña la causa; cuando se trata de adquirir honor. ¿Cómo, pues, permanezco yo en ocio indigno, muerto mi padre alevosamente, mi madre envilecida... estímulos capaces de excitar mi razón y mi ardimiento, que yacen dormidos? Mientras para vergüenza mía veo la destrucción inmediata de veinte mil hombres, que por un capricho, por una estéril gloria van al sepulcro como a sus lechos, combatiendo por una causa que la multitud es incapaz de comprender, por un terreno que aún no es suficiente sepultura a tantos cadáveres. ¡Oh! De hoy más, o no existirá en mi fantasía idea ninguna, o cuántas forme serán sangrientas.


Talla cien

Las chicas las prefieren grandes solo porque los chicos las quieren grandes. Hay chicas que las tienen grandes y chicas que las tienen pequeñas. Hay chicas que critican las grandes, pero a los chicos solo los oiréis criticar las pequeñas. Hay chicas que se conforman con una ochenta y chicas que se enorgullecen de calzar una talla cien. Van con su escote a todas partes y no pierden oportunidad de mostrar sus "encantos". Y lo peor es que funciona. Vivimos en una sociedad tan superficial que la cien siempre irá por delante sin importar si se trata de trabajo, de amistad, de amor, o de sexo. La cien siempre tiene el primer turno, y las demás solo son suplentes. No importa otra cosa. La cien domina un mundo que se atreve a decir que no es machista.

Yo no uso una cien, pero me daría pena usarla. Que mi orgullo se basara en el tamaño de algo en lo que no tuve opción y que solo sirve para alimentar la fantasía de unas hormonas revueltas, aún con los problemas que pudieran causarme: patologías a nivel de la columna vertebral, alteraciones metabólicas, ligamentosas... Me daría pena que en lugar de llegar y decir "tengo un trabajo estupendo" o "tengo a alguien que me quiere" o "tengo una gran vida", la respuesta en una foto, en una voz o en una camisa por la calle, sea "¡tengo tetas grandes!" Y todos se mueran de deseo y de envidia. Mujeres alimentando complejos y tratándose como un poco de carne. Eso es lo que me da pena. Que esa sea la única satisfacción y dignidad de algunas chicas. Creo que el tamaño de sus pechos es inversamente proporcional a cuánto ellas valen. Pero los hombres aún prefieren saber cuánto pesan unas tetas antes que un cerebro y allí depositan toda su admiración, haciendo sentirse inferiores a quienes no tuvieron tanta suerte con su cuerpo pero quizá más con su corazón.


#276

Me da pena que se admire el valor en la batalla. Menos mal que con los rifles no se matan las palabras.
F&F

¿No podríamos ser pájaros...?

Todo animal en general tiene un honor que el hombre no conoce. Los animales actúan por instinto careciendo de las herramientas humanas para construir una sociedad. El hombre vive atrapado en sus propias leyes, normas y convenciones sociales que alguien ha escrito, probablemente para su propio beneficio. Los animales, sin el poder de la palabra y del pensamiento, viven un nivel más allá. Atienden a las leyes naturales y a una intuición que tal vez escape al entendimiento humano. Una intuición que mantiene el ciclo de la vida sin alterar el respeto entre distintas clases, sin permutar la relación entre los seres de una misma especie. Una nobleza que lleva a los entes del mismo orden a ser iguales y luchar juntos y no entre ellos. Algo que ha debido de desaprender el ser humano cuando dejó de ser mono.


/193784/

Vivimos en una sociedad donde todos nos creemos diferentes, y somos todos iguales. Creemos que hacemos lo que hacemos porque queremos cuando la realidad es que lo hacemos porque es lo que hay que hacer. Vivimos con la seguridad de que conseguir un buen trabajo, tener una casa, una pareja, casarnos y tener hijos es lo que nos hará felices. La verdad es que cuando naciste nadie te dijo que tuviera que ser así, pero es lo que hay. Lo socialmente establecido. 

La verdad es que no puedes ser lo que quieras ser, sino lo que te han enseñado que serás. Nos han convencido de que no seremos felices sin el último modelo de todo. Que para no ser un fracasado hay que perder la virginidad en la juventud y tener unos cuantos amigos con los que hacer el tonto. Que nos gusta la ropa que llevamos. Que las fiestas son divertidas y el estudio es aburrido. Que hay que vivir en una casa y moverse en un coche. Que hay que mantener a la familia cerca. Que necesitas el dinero para abastecerte. Que para ser atractiva hay que tener un peso ideal. 

Pero, ¿y si no quieres que la vida sea lo que todos los demás dicen que tiene que ser? No sabes hasta qué punto tus metas no son más que un reflejo de lo que unos pocos con el poder han impuesto.


#250

Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa.

/001989/

Ciertos momentos de belleza, de desolación, de horror y de heroísmo, están más allá de las palabras.